AVIDA DOLLARS Y LA CIUDAD DE EDÉN

TÍTULO : Ávida Dollars y La ciudad de Edén
AUTOR : Javier Torras de Ugarte
GÉNERO : ciencia ficción
EDITORIAL : Suseya Ediciones
PÁGINAS : 341

SINOPSIS
Un asesino en serie tiene en jaque a la ciudad de Edén, último reducto de la humanidad tras una catástrofe natural acontecida hace un siglo y medio. Sus métodos asombran a los investigadores, pues siempre utiliza máquinas de vapor para matar a sus víctimas, única energía permitida, pero no deja pistas más allá de una huella en el cuello de los cadáveres. Ávida Dollars, una delincuente que trafica con información, empieza a investigar el caso cuando uno de sus amigos es asesinado, contando con la colaboración del misterioso inspector Peter Falk y de Lara Vida-Slod.
Ávida y Falk comienzan una trepidante búsqueda del asesino que les lleva a destapar oscuros secretos de sus propios pasados y de la ciudad de Edén, descubriendo que las muertes del “asesino de la máquina de vapor” están relacionadas con los círculos de poder de la ciudad.
Mientras tanto, Lara guiará sus destinos manipulándolos a su antojo. Solo deteniendo al verdadero asesino lograrán salvar la ciudad, pero antes tienen que aprender a confiar el uno en el otro, antes tienen que romper con los secretos de su pasado.

MIS IMPRESIONES
Esta novela tiene muchas características para enganchar al lector. El primero a destacar es la forma en que se nos introduce a este mundo caótico y decadente de Edén, el último reducto en la Tierra en el que el ser humano ha sobrevivido a una ecatombe mundial. Una ciudad construida a medida y manejada por una élite que conoce más de lo que pretende hacer creer. El entramado que une a los personajes principales esta confeccionado como un encaje de bolillos, enrevesado y perpetrado con la finalidad de introducir al lector en un cosmos de mentiras, engaños, fatalidades, asesinatos, secretos y falsas identidades. Una auténtica locura que atrapa en el primer párrafo y no te suelta.
Tantos “por qué” me asaltaban a cada capítulo. Cada nueva averiguación, cada nuevo personaje me traía su propia historia, su propio secreto.
Una segunda cosa a remarcar es la capacidad de descripción que he encontrado en esta historia. Los ambientes, los olores, las recreaciones, las batallas y enfrentamientos entre los diferentes bandos; retratos suburbanos sin una gota de desperdicio, nada que se pudiera omitir y nada que pareciese de más. Las vestimentas ciberpunk de los personajes me han enamorado, el detalle con el que se nos define cada prenda, cada sombrero, el calzado. Es un aporte muy enriquecedor y que introduce mucho en la trama, ya de por sí enigmática.
Tercera cosa que no puedo ni por asomo obviar, las continuas referencias al mundo del arte, al completo: de todos los tiempos y de todas las disciplinas artísticas. Personalmente, adoro encontrar referencias de este tipo en mis lecturas, me aportan la cuadratura del círculo, la perfección.
Cuarto punto a reseñar y no menos importante precisamente es el trabajo realizado con los personajes, de los que convencen. La mayoría, menos los malvados malísimos, claro, son personajes con matices, cargados de historia y grises, muchos grises que dulcifican en cierta medida sus maldades y hacen dudar cuando se muestran bondadosos.
Por cierto, la versión en papel nos presenta una cuidada edición con dibujos, una auténtica joya que guardar en la biblioteca.
Para finalizar, que ya va siendo hora, recomiendo esta lectura por muchos motivos. El misterio, un mundo distópico y el arte se dan cita en esta historia formando un menage a trois impresionante.
Es una novela imperdible para todos amante de la ciencia ficción, del arte, del misterio, del ciberpunk, de los mundos distópicos. Una lectura emocionante capaz de satisfacer a los más exigentes, y pasar el examen con mención de honor.

Se puede adquirir en la página web de Suseya Ediciones, aqui

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DESPIERTA

Se retuerce ante mis ojos, mudo, la lengua fuera de su boca. Leo en sus gestos el miedo. Su sangre, caliente, nos salpica. Intenta luchar, los espasmos provocan descoordinación en sus movimientos. ¡Me teme!
El cuchillo rasga su piel sin esfuerzo, separando capas, abriendo órganos. Las mariposas recorren mi vientre excitado y exaltado, ¿placer o venganza? Penetro y mutilo para ser testigo de la caída de esta bestia inmunda, que agoniza, y a la que no permitiré la paz ni muerta, pues me condeno a su lado para ello. Quizás pensó que ya me había doblegado, que era incapaz de reaccionar, que era suya. No, aguardaba mi momento. Hoy, esta tarde, esta cama, la posesión de esta arma afilada entre mis pertenencias son la clave.

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“No me vas a tocar nunca más, ni a mí, ni a nadie. Mírame bien; fui tu víctima, pero hoy y siempre seré tu verdugo.”

Microrrelato seleccionado y publicado en la Antología de la Editorial Círculo Rojo, “II Corcurso microrrelatos de terror”.

TENEBROSA DISTRACCIÓN 

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En ocasiones, una extraña sensación invade los sentidos del pequeño Ricardo Cambra. A pesar de su corta edad, intuye que lo mejor es ocultar esos deseos si no quiere verse en problemas. Esconde sus divertimentos.

Cuando llega el momento, no puede más que actuar como su mente le guía. Sin titubeos. Sin dudas. Hace lo que debe, lo que su voz interior ordena. Se deleita buscando y encontrando esa satisfacción.

Curioso, observa los cadáveres aplastados en el suelo, ante sí. Expuestos, algunos con sus vísceras fuera de lugar, explícito paisaje rojo sangre cubriendo la arena. Sin vergüenza ni venganza alguna. Para qué. Ya no sirven. Hay algo de decepción en su mueca. Se acabó la diversión.

Con la punta de las uñas se atreve a separar uno del resto. Lo acerca. Lo huele. Lo toca con las yemas. Está caliente. Descubrir el tacto tibio que emana provoca un escalofrío de placer a lo largo de su espalda. En sus ojos inhumanos se refleja que el ansia por torturar ya ha quedado saciado. Por ahora.

Mira a los lados, asegurando que no hay testigos. Toma el cuerpo restante y lo mete bajo la camisa. Escondido. Protegido. Para luego. Para cuando vuelva a tener hambre de mal y mal de hambre.

En su cabeza elucubra nuevos juegos con los que atormentarlo. En casa, con las tijeras, podrá abrir en canal de pecho a bajo vientre; indagar. La piedra fue útil para quebrar cráneos y huesos. Despellejó torso y cola de otro cuando aún chillaba. Esparció el interior de un tercero a sus pies, y saltó sobre los órganos, haciéndolos explotar por la presión ejercida.

Este último, el resguardado junto a su corazón, aún respira. Ojalá llegue con un atisbo de vida que arrancar, para más tarde.

Ricardito sonríe al cielo, camino a casa, y esa sonrisa hiela el viento.

NUNCA ME GUSTARON LOS JUEGOS

Ganaste, y lo siento.

Te lo dije mil veces. Te advertí que no lo hicieras. Soy muy competitiva, demasiado, quizás. En realidad, no quería jugar. Casi me obligaste. Lo pasábamos bien de paseo, yendo al cine, en la playa tomando el sol. No sé en qué momento surgió la opción de jugar a las cartas, te aseguro que no fui yo, así que no puedes culparme.

¿Quién dejo el cuchillo sobre la mesa?

Pero no te preocupes, yo limpio todo y me encargo. A quien pregunte qué fue de ti, le diremos que te fuiste un día sin decir adiós. No es una mentira; en cierto modo, así ha sido, ni te has despedido. 

Quiero que sepas que te recordaré. Pasamos muy buenos momentos juntos. Y dejaré esa foto en la repisa de la chimenea, me gusta cómo queda.

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¡CORRE!

Apolo y Dafne”, de Gian Lorenzo Bernini

Corre, te va la vida en ello. Nunca imaginaste que el destino te pondría en semejante situación. Salta ese montículo, es fundamental no perder ahí pie. Cuidado con el riachuelo, puedes caer. Mejor deja esos zapatos, molestan más que ayudan. Que se pudran ahí, ¿o me vas a decir que son más importantes que la propia vida? ¡Olvídalos! ¡No, no vuelvas a buscarlos! Sí, claro, esos taconazos te sientan genial, combinan con todo y los compraste de rebajas al 80%, una ganga demasiado buena como para abandonarlos a su suerte, en ese bosque lúgubre y maldito. ¡Idiota, te la estás jugando!

¡Es tu momento, es vital! Respira hondo, siente tu corazón desbocado. Va a mil por hora, revolucionado, para o entrarás en colapso. Y eso no trae nada bueno. Tranquiliza los nervios, te están jugando una mala pasada.

Presta atención a las ramas, te estás dejando la piel a trizas, eso tiene que doler. Pido mucho, lo entiendo, no es posible huir con cuidado, pero es que no te falta mucho. Cuando llegues al final de ese recodo, lo verás; justo delante. Ahí, te estoy indicando dónde está la salida, tan sólo escúchame. La salvación la tienes ya muy cerca, si cuerpo y mente perseveran. Si consigues llegar a ese punto, lo habrás logrado.

Respira, otra vez. Sí, soy pesado, lo sé, pero haz caso, hincha tus pulmones, con cuidado, recuerda, una hiperventilación no te conviene. Eso no va a ayudarte a escapar.

Un último esfuerzo, tú puedes. Si no luchas ahora, todo habrá sido para nada. Si no llegas hasta ese recodo, pierdes la vida.

¡No mires atrás!  
¡Pierdes un tiempo precioso!  
¡Te va a ver!  
Tarde, te vio… Ahora deberás correr aún mas rápido.  
¡Está detrás tuyo!  
¡Tienes que ser más veloz!  
¡Huye!  

Busca dónde esconderte; entre la maleza no, es posible que ahí te encuentre, ¿y detrás de aquel muro? No, no, no. ¿Ese cobertizo? Es el peor lugar en el que podrías haberlo hecho. Ahí no te metas, no tienes salida. Ahora estás acorralada, cómo has podido ser tan estúpida. 

Te lo pido por favor, serénate, haz algo por salvar tu existencia. Éste no puede ser tu fin. 

Por un momento pensé que eras la protagonista y ahora me siento decepcionado. No hay forma, en este tipo de películas, la primera rubia espectacular que aparece, es la primera en ser asesinada.

UNA NOCHE EN PRAHA

 

En 2011, durante el puente de Todos los Santos, fuimos a visitar Praga, por aprovechar tres días seguidos, que rara vez los disfrutamos en el sector en el que trabajo.
Nos alojamos en un hotelito encantador, una especie de palacete del siglo XVIII, reconvertido para ese fin, erigido en el centro de la ciudad.

Aunque nos pusieron una cuna para nuestro hijo, que en aquel entonces tenía apenas dos años, dormimos los tres juntos, pues así lo solíamos hacer también en casa.
De madrugada, sentí unas manos sobre mi rostro, y una voz que suplicaba que me despertara.

—Duerme, Mikel. Es de noche, está muy oscuro aún—susurré sin abrir los ojos, tan sólo apartando las manitas que tenía en la cara.
Él seguía susurrándome mientras peinaba mis cabellos con sus dedos. Escuché su risa, y decirme que por favor jugara un poco, que hacía mucho que nadie jugaba con él, y lo echaba en falta. Que deseaba tener una mamá como yo.
Me negaba a despertar, el día había sido intenso, y me sentía demasiado cansada para lidiar con mi pequeño. Noté la manta descender, destapándome y dejando tan sólo una sábana sobre mí.

Hacía tanto frío que por un momento creí que algo en la calefacción no funcionaba correctamente.

—Hace mucho frío aquí, Mikel, vuelve a la cama. Enfermarás.
Algo en mi mente hizo click, como un resorte, al escucharme pronunciar esas últimas palabras, y recuperé en parte la consciencia. En aquella especie de duermevela que a veces se siente, caí en la cuenta de algo.

Mi hijo dormía en el centro de la cama, entre mi marido y yo. Así lo habíamos decidido para evitar caídas, puesto que en ese dormitorio, por la distribución, no había opción a pegarla contra la pared. Así que no era posible que la voz y las manos que me acariciaban vinieran de ese lado en concreto. Y por otra parte, un cuerpo pequeño y caliente estaba a mi lado izquierdo.

Confirmé mis sospechas, abriendo los ojos y tocando el cuerpecito profundamente dormido, que mi hijo estaba en el centro, donde se suponía debía estar. No era Mikel, entonces, quien me hablaba.

Giré la cabeza sobresaltada, muy poco a poco. Delante de mí, al lado de la cama, un niño algo mayor que mi hijo me miraba fijamente. Su vestimenta extraña no me sorprendió. Llevaba un traje que bien podía haber salido de cualquier cuadro de Velázquez, barroco, con ese característico cuello enorme y terciopelo oscuro por todas partes.

Mi corazón bombeó sangre a una velocidad el triple de la habitual. Mi respiración, entrecortada e incontrolable, me ponía sobre aviso. Mis dientes empezaron a castañear, todavía no sé si por miedo o frío, o quizás por ambos motivos. Me abracé a mi misma en un intento de protegerme y darme calor, mientras la figura se acercaba.
Únicamente acerté a ahogar un grito entre las sábanas, por no despertar a mi familia. El rostro angelical se transformó ante mí, tornando en diabólico su aspecto. Sus ojos, rojos por la ira, me miraron justo un segundo antes de difuminarse y desaparecer.

— No eres diferente al resto. Todas me odiáis. ¡Nadie quiere quedarse aquí conmigo! —gritó a dos milímetros de mi rostro.

El pánico se apoderaba en unos segundos de mi alma y el miedo paralizó cualquier movimiento. Durante unos minutos me mantuve alerta, recostada en la cama, expectante. Observando a uno y otro lado de la cama. Rememorando lo que acababa de vivir. Recuperé el control del cuerpo, esto no podía ser otra cosa más que un sueño. Recogí la manta, pues la sábana no resultaba suficiente, y cubrí mis piernas, erizadas por el frío que aún sentía muy adentro de mí.

No volvió las siguientes noches a reclamar mi atención, esperé despierta un tiempo prudencial cada una de ellas, aterrada. No conté a mi familia lo sucedido, no quise echar a perder el viaje.
Estuvo presente, pero sin mostrarse, pues por las mañanas encontrábamos varios juguetes fuera de lugar. Sobre todo un cochecito metálico, que solía aparecer sobre mi almohada.  En parte me hubiera gustado saber quién era, conocer su historia. El miedo que en un primer momento sentí había dejado paso a la curiosidad.

El día que nos fuimos, al recoger todas nuestras pertenencias, no pude evitar dejar su juguete favorito sobre la almohada, para que lo encontrara una vez la noche estuviera echada.

Con el tiempo, me convencí que fue tan sólo un sueño. Un mal sueño y ya está.
Hasta hoy, lunes 31 de Octubre de 2016, cinco años más tarde. El mismo aire helado me ha despertado. En mi cama ya no están ni mi hijo, ya mayor para compartirla, ni un marido que me acompañe. Aquel cochecito metálico ha caído sobre mi pecho, lo he reconocido al instante, al abrir los ojos. Una voz conocida, a mi izquierda, ha murmurado unas palabras.

—Ya no voy a dejar que me abandones. Serás mi mamá desde hoy, para siempre.