ETÉREA

mujerflotando

En días como hoy quiero desaparecer del mundo, y casi lo consigo, pues en mi imaginación me hago pequeña y acabo por perderme en el aire que me envuelve.

Pequeña. Etérea. Soy polvo en el viento suspendido.

La nada en la vorágine del día a día, que me traspasa sin tocarme y sin conseguir una reacción que me devuelva a la realidad.

Pienso en cerrar los ojos y me dejo llevar por las olas de un mar inventado e irreal, un mar que se mueve al compás de los latidos de mi corazón desentrenado. Ojalá su suave mecer arrastrara la desidia lejos. Más lejos. Aún más lejos. Perdida en mil calles que no existen y en mil sueños que me persiguen. Eterno sueño sin fin ni final ni desenlace posible. Etérea.

Mi cabeza da vueltas sin sentido, la cuerda de mi cordura está tensada al máximo. Se va a romper y no podré repararme. Y si estallo, ¿cómo reconstruyo mi existencia, si los añicos de mi alma son ya milimétricos? Los puzzles nunca se me dieron bien. Pequeña. Y mis trozos, se desmaterializarán de igual modo. No es necesario, entonces, preocuparse por ello. Hago una mueca a la esperanza.

Miro atrás y lo que veo no me gusta. Miro adelante y lo que me espera me desagrada. ¿Qué sentido tiene esta pérdida de tiempo supina que es no esperar nada? Soy polvo en el viento suspendido.

No me puedo mover. No tiene sentido ser espectadora en vida ajena. Ser la triste muestra de la realidad más cruel. La pesadilla recurrente de los que se mueven y no son aire. Atrapada.

“Dejadme volver al sueño al que pertenezco, la realidad no es mi compañera”, suplico con la mirada bajo unos párpados permanentemente cerrados. Mi respiración está controlada, mi corazón, monitorizado. Pero, ¿qué pasa con mis sentimientos?

Nadie entiende si no es con palabras. No se comprenden mis no-movimientos. No pensé que fuera tarea tan ardua descifrar mis emociones.

“Apagad esas máquinas que me mantienen con vida y dejadme ir”

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